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Historia del hotel


La familia Pujadas en Viana

Del linaje de los Marqueses de Valdeolivo, originario de Aragón, los Pujadas llegan a la ciudad de Viana a mediados del siglo XVII.

Aquí Rodrigo Pujadas, heredero del marquesado, casa con Úrsula Remírez de Ganuza el 6 de septiembre de 1640, con lo cual se mezclan procedencias de Calatayud, Tudela, Elizondo y Viana. A los pocos años los Pujadas aparecen ininterrumpidamente como diputados o representantes del Ayuntamiento vianés ante la poderosa parroquia de San Pedro, una de las sobresalientes en la extensa diócesis de Calahorra. Al mismo tiempo, varios de los marqueses -Rodrigo, Juan Bautista, Fausto Eugenio- portaron la vara de alcaldes de esta ciudad, que se intitulaba Muy Noble y Muy Leal y Cabeza del Principado del Antiguo Reyno de Navarra.

Desde finales del XVIII, los Pujadas van marchándose de Viana, primero por traslado del marquesado, segundo por los numerosos cargos -y consiguientes obligaciones- que fueron atesorando a lo largo de los años: Caballeros de la Orden de Santiago, Caballerizos de la Reina, nombramientos en Hispanoamérica y Filipinas.

A través de hacedores o peones de confianza, la familia ha mantenido en Viana tanto la casa como la hacienda hasta casi entrado el siglo XXI. El actual marqués de Valdeolivo reside en Zaragoza.

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El Palacio de los Pujadas en Viana

Se halla al final de la antigua rúa de San Pedro, hoy calle Francisco Navarro Villoslada. Perteneció anteriormente a los Ramírez de Ganuza así lo demuestra el escudo de este linaje -ocho castillos- que campea en la fachada principal. La ausencia de barroquismo en el signo heráldico denota que el edificio se remonta al siglo XVI. Las fachadas dan a tres frentes: además de Navarro Villoslada, la plaza de San Pedro y la calle Tidón. La mansión muestra en la fachada de la rúa Mayor la distribución de materiales habitual en la ciudad: sillar en planta baja y ladrillo en las superiores.

De las dos puertas de accesos, una conducía hacia las habitaciones de los marqueses y la otra a la zona dedicada a lo agrícola: cuadras, bodegas de vino… Los dos hermosos balcones permitían disfrutar de las fiestas que recorrían la rúa Mayor.

El frente más extenso aboca a la parroquia de san Pedro; de piedra de aparejo, carece de regularidad por los vanos que se le fueron abriendo. Dotado de dos puertas, tenía así mismo dos balcones y, en la parte inferior, dos magníficas rejas de hierro.

El palacio, según consta por diversos inventarios y testamentos, estuvo repleto de pinturas, tapices, libros, armas, esculturas, reliquias, documentos… que fue reuniendo el marquesado.